jueves, 12 de noviembre de 2009

Carta de Miguel Ángel Beltrán : Preso político, víctima del terrorismo de Estado

Por Miguel Ángel Beltrán

"Primero vinieron por los Comunistas": Brech

"Carta a mis padres: Miguel Antonio Beltrán y Alba Ruth Villagas

Queridos padres:
Imagino sus caras de sorpresa cuando el viernes pasado (22 de mayo) escucharon decir al comandante de la policía, General Oscar Naranjo, que el Departamento administrativo de Seguridad (DAS) había capturado "al terrorista más peligroso de las FARC" y que se trataba de un profesor universitario que respondía igual que vuestro hijo al nombre de Miguel Ángel Beltrán Villegas.

Supongo que de de no ser por las inquietantes imágenes de televisión, que corroboraban la noticia, donde se me presentaba esposado, con un chaleco antibalas de color negro, un tapabocas y un impresionante dispositivo de seguridad, papá hubiera lanzado una descomunal carcajada, comentando la noticia con su acostumbrado humor negro: "si mi hijo es terrorista, Uribe es la Virgen Santísima".

Pero en este país del Sagrado Corazón de Jesús, donde los mal llamados "falsos positivos" (en realidad verdaderos crímenes de Estado) ejecutados a "sangre fría" son el pan de cada día, todo es posible. Incluso que los noticieros señalen al presidente Álvaro Uribe como el mandatario más popular de América Latina y a mí, como un peligroso terrorista internacional.

Al día siguiente en los calabozos de la SIJIN de Bogotá, un guardia me compartió amablemente un artículo publicado por el diario "El Tiempo" y que parecía un panfleto escrito en los tiempos de la "guerra fría" cuando se decía que "los comunistas comían niños".

En su columna el reportero señalaba que ustedes dos eran guerrilleros y que yo había realizado mis estudios en la extinta Unión Soviética. Esta vez -les confieso- quien no pudo contener la risa fui yo:

"mis padres chusmeros, vaya que chiste tan bueno", imaginaba en medio de la hilaridad que me producía la noticia que si yo era sindicado de ser "alias Cienfuegos" seguramente papá fue conocido como "chispas" y mamá como "pólvora" u otro explosivo nombre de guerra.

Más allá de que la irresponsable aseveración del periodista, puso en grave riesgo la integridad personal de ustedes dado que en este país los ex guerrilleros han sido impunemente asesinados, como lo ilustra la muerte de Guadalupe Salcedo, "Charro Negro", Carlos Toledo Plata, Carlos Pizarro y muchos más, quisiera decirles que secretamente pensé que era un orgullo que en el citado artículo de prensa los señalaran de guerrilleros.

¿Acaso no fueron los ejércitos irregulares patriotas los que derrotaron más de tres siglos de colonialismo español? ¿No fueron los guerrilleros liberales los que enfrentaron las dictaduras civiles conservadoras en los años cuarenta y cincuenta? ¿No ha sido la acción guerrillera la que ha preservado los escasos resquicios de democracia que hoy subsisten en el país?

En Colombia la historia ha demostrado que guerrillero es sinónimo de altruismo, resistencia y dignidad; los Llanos, Chaparral, Villarrica, Marquetalia, Sumapaz y el Guayabero pueden dar fe de ello. Insultante hubiese sido que los llamaran "congresistas "o "asesores presidenciales", ocupación asociada hoy a la corrupción, el narcotráfico y el paramilitarismo.

Pero la vida les reservo otros caminos: papá se convirtió en un ex sargento viceprimero de la policía y mi progenitora en una abnegada madre dedicada al cuidado del hogar.

Con la generosidad y entrega de ustedes dos, sobreviviendo con una precaria pensión de policía habitando una casa en "obra negra", que les subsidió el programa de la "Alianza para el Progreso" (y que terminaron de levantar ladrillo a ladrillo), lograron criar, educar y alimentar siete hijos: cinco mujeres y dos hombres.

De tal modo que si alguna profesión ejercieron ustedes -hay que aclararle al periodista- no fue la de guerrilleros sino la de magos e ilusionistas.

Hoy confinado en este pabellón de alta seguridad donde las horas transcurren lenta y monótonamente, resulta inevitable recrear en mi mente esas historias familiares que ahora se anudan en mi garganta como un grito de rebeldía contra toda la injusticia que descarga sobre mí este régimen corrupto y narco paramilitar.

Todavía tengo fresco en mi memoria aquel lejano día, cuando la abuela Sofía me relato, sin derramar tan siquiera una lágrima porque sus ojos estaban secos del sufrimiento, la muerte de Víctor Villegas, mi abuelo materno, quien era dueño de una extensa finca cafetera en el viejo Caldas. Una tarde cualquiera - me contó la abuela- su vida fue segada a machetazos, por el "delito" de ser "cachiporro".

Su cuerpo inerte permaneció tendido varias horas en la plaza del pueblo. Nadie se atrevía a recogerlo por temor a las represalias, pero mi abuela que siempre se distinguió por tener un carácter fuerte, haciendo caso omiso de los ruegos de amigos y vecinos, se dirigió a la plaza del pueblo, recogió el cadáver, lo cargó varios kilómetros y, en una ceremonia casi privada, le dio cristiana sepultura.

Antes que concluyera el relato mis ojos estaban cargados de lágrimas, por eso tal vez la abuela que conocía mi sensibilidad nunca me contó que en el momento de enterrar a su difunto esposo, en su vientre una pequeña de apenas ocho meses de existencia agitaba su cabecita, como preguntándose por qué le privaban la posibilidad de tener un padre que le arrullara en la cuna, la besara en la frente antes de dormirse y la llevara al parque.

Mi tía Yormen - como después bautizaron esta niña - creció así como han crecido millares de colombianos esto es, como hijos del conflicto armado y social que ha azotado al país por décadas.

Fue así como mi imaginación infantil empezó a poblarse con las historias de "La violencia" que salían a relucir, cada vez que llegaba a la casa una visita familiar. Recuerdo que, como éramos niños, nos mandaban a dormir porque se trataba de "una conversación para adultos".

Pero mi curiosidad era más grande y contraviniendo las órdenes paternas, escuché detrás de las escaleras que conducían al segundo piso de nuestra casa, algunas palabras que mucho después cobrarían sentido para mí: "godos", "cachiporros", "pájaros", "chusmeros", "chulavitas", "Gaitán", "sangrenegra", "venganza", "laureanistas" y otros más.

Muy pronto los relatos de hadas encantadas y de príncipes valientes que con sus besos deshacían los maleficios de la bruja malvada, fueron sustituidos por los terroríficos cuentos de la policía chulavita que incursionaba en los pueblos liberales, les cortaba a los hombres el pene y lo colocaban en la boca-

de sus víctimas por los relatos fantásticos de hombres de filiación liberal que eran obligados a caminar descalzos sobre brasas calientes, mientras que a sus mujeres embarazadas les extraían el feto y los ensartaban en la punta de sus bayonetas, exhibiendo con orgullo su preciado trofeo.

Escuchaba estas historias con una mezcla de terror y fascinación y, como era de esperarse, en lo profundo de la noche me resultaba imposible conciliar el sueño.

Entonces acudía donde mi hermana mayor que me arropaba entre sus brazos y acariciándome la cabeza me decía con su dulce voz que me durmiera, que esas historias habían ocurrido hace mucho tiempo por allá en la época de la violencia, pero que ahora todo era diferente "godos" y "cachiporros" convivían juntos y ya no se mataban.

Al escuchar estas palabras una sensación de seguridad invadía todo mi cuerpo y cerraba los ojos agradecidos con la vida por no haber tenido que padecer el horror de aquellos años.

Y así como en mis lecturas infantiles mis simpatías se alineaban con las más débiles (caperucita roja, Blanca Nieves y la Cenicienta) y mis odios con los más crueles ( el lobo, la bruja y la madrastra) en los relatos que escuchaba de ustedes no me fue difícil tomar partido a favor de los "cachiporros".

Es cierto que a mis escasos cinco años no entendía que significaba esta palabra, pero en lo más profundo de mi corazón algo me indicaba que ellos eran los buenos y los "godos" los malos.

En mi lógica infantil hubo sin embargo algo que empezó a inquietarme constantemente, los "chulavitas" eran policías, y éstos a su vez eran "godos", pero ¡vaya horror!, papá era policía.

La preocupación rondaba tanto mi cabeza que un día me llené de valor y cerrando los ojos me atreví a preguntar: ¿papá cuántos cachiporros mató usted? Yo esperaba un severo castigo a mi atrevimiento, pero como única respuesta obtuve una estrepitosa carcajada.

En mi mente infantil esa risotada significaba que había asesinado y descuartizado a miles de liberales. Entonces mi cara se puso seria y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Ante la certeza de algo que ya sospechaba, la imagen del padre ejemplar, del padre cariñoso, del padre bueno estallaba en mil pedazos, como un cristal al estrellarse con el piso.

Cuando estaba a punto de proferir un sollozo papá contestó que en toda su vida no había matado a nadie. Y enseguida me aclaraba ya con el gesto serio -mientras mi corazón volvía al cuerpo- que pese a ser un policía.nunca dejó de ser un liberal gaitanista y que esa filiación-

política la había ocultado siempre, no sólo para proteger su vida sino las de decenas de familias perseguidas por la violencia conservadora; también, para burlar órdenes que consideraba no eran correctas y procurar justicia donde la situación lo requiriese.

A partir de ese día, todo parecía más comprensible y el enredo de ideas que tenía en mi cabeza empezó a clarificarse. Por ejemplo comprendí por qué mamá siendo liberal se había casado con un policía.

Así mismo entendí la diferencia entre un "pájaro" y un "guerrillero" Supe también desde aquella vez que en las filas de la policía había gente "buena", y años después convertido en un activista estudiantil rechacé aquella consigna dogmática tan en boga entre los universitarios, que consideraba que todos los militares eran asesinos.

Sin embargo, la mejor lección que me aportaron estas conversaciones con ustedes y que se hicieron cada vez más frecuentes fue que independientemente de donde estuviera, debía tomar siempre partido a favor de los débiles y manifestar mi indignación contra toda injusticia.

Fue en esos tempranos años de mi vida que empecé a interesarme por la historia política del país y aquella vieja biblioteca de madera, que aún sobrevive en la casa. Se abrió para mí como si se tratase de un tesoro escondido: "Viento seco" de Daniel Caicedo;"Lo que el cielo no perdona" de Fidel Blandón; "Un aspecto de la Violencia" de Alonso Moncada; "13 años de violencia" cuyo autor ya no recuerdo, fueron obras que devoré en cuestión de días.

Sin embargo, el libro que más me impactó fue el de "Las guerrillas del Llano". Su autor, Franco Isaza, había participado en la contienda. Recuerdo que en la biblioteca papá tenía la primera edición impresa en Caracas (Venezuela) y que circuló clandestinamente bajo la dictadura del General Rojas Pinilla, con un prólogo de Plinio Apuleyo Mendoza donde exaltaba "la heroica resistencia guerrillera del partido liberal".

Tendría siete u ocho años cuando lo leí ávidamente en una de esas vacaciones escolares. Con gran crudeza Isaza retrataba allí las sangrientas masacres cometidas por los chulavitas en los poblados de El Llano, pero al mismo tiempo explicaba como los leones llaneros se fueron armando para defender sus vidas y propiedades, primero en alianza con los hacendados liberales y luego en contra de los mismos, que se pusieron al lado de los conservadores.

En las diferentes conversaciones con mi compañero de patio Heli Mejía, más conocido como "Martín Sombra" he recreado estas historias. "Sombra" me cuenta como su madre y sus tías fueron violadas y luego asesinadas por la policía chulavita; y como su padre, poco después corrió la misma suerte:

"Ante el cuerpo agonizante de mi papá -me relata Sombra - juré que moriría como un guerrillero, por eso jamás me amnistié y en 1966 me vinculé a los núcleos iniciales de las FARC".

Sombra es un vivo ejemplo de la continuidad - y a la vez discontinuidad - de la lucha guerrillera en Colombia. Un conflicto que empezó planteándose como un enfrentamiento entre liberales y conservadores, pero que en los años sesenta adquirió claros contenidos de clase, como quedó consignado en el "programa agrario de los guerrilleros" (FARC) y el Manifiesto de Simacota (ELN).

Hace más de un cuarto de siglo que en mi tesis de licenciatura en Ciencias Sociales empecé a investigar este pasado histórico, porque creí ver en él, algunas claves para comprender la actualidad del conflicto armado en Colombia. Fue así que me interesé por estudiar las guerrillas liberales del Llano.

Eran los tiempos del proceso de paz del presidente Belisario Betancur y, desde diferentes sectores del Estado se presionaba para que los combatientes se desmovilizaran y entregaran sus armas. La investigación que realizamos en coautoría con un compañero de estudio, hijo de un exguerrillero liberal;

nos llevó a concluir que los guerrilleros del llano habían sido traicionados por el General Rojas Pinilla quién solicitó a los rebeldes que entregaran sus armas a cambio de promesas de paz que nunca cumplió, contrario a ello muchos fueron judicializados y asesinados.

Por eso en la introducción a nuestro trabajo investigativo señalábamos que la derrota del movimiento guerrillero se convertía en una victoria, porque jamás se volverían a ver filas de insurgentes entregando sus armas a sus verdugos.

Sin embargo, la historia se encargó de desmentir parcialmente aquella afirmación. Años después, los guerrilleros del M-19 haciendo caso omiso de esta lección histórica, entregaron sus armas y muchos de ellos fueron asesinados empezando por su máximo jefe, el comandante Carlos Pizarro León Gómez pese a contar con más de 20 guardaespaldas.

Muy otra fue la suerte de los combatientes de las FARC que se acogieron al proceso de "cese al fuego tregua y paz" se negaron a hacer entrega de las armas y anunciaron al país la formación de un nuevo movimiento político, que se conoció como la Unión Patriótica (UP).

Me vinculé a las filas de la Unión Patriótica desde sus inicios mismos, porque vi en este movimiento amplio, la posibilidad de un cambio democrático por las vía pacíficas. Sus propuestas de reforma política, agraria y social llamaron mi atención, así como su compromiso con la búsqueda de una salida política al conflicto colombiano.

La candidatura del ex magistrado Jaime Pardo Leal colmó todas mis expectativas: su verbo encendido, su tradición de lucha, su capacidad intelectual y su formación académica me convencieron de participar, por primera vez, en una contienda electoral. Pero la oligarquía de este país al ver amenazado sus mezquinos intereses, exterminó a "sangre y fuego" este experimento político.

De pronto empecé a sentir con horror que esas historias de la violencia que ustedes relataban en mis años de infancia, no eran cosas del pasado sino del tiempo presente: cuerpos cortados con motosierra o arrojados como alimento a los cocodrilos, asesinos que jugaban fútbol con las cabezas de sus víctimas, hombres, mujeres y niños descuartizados, poblaciones enteras arrasadas, marchas campesinas acribilladas indiscriminadamente ;

sindicalistas, estudiantes y líderes populares desaparecidos, guerrilleros desmovilizados asesinados impunemente y centenares de fosas comunes repartidas por todo el territorio colombiano.

Así vi desvanecerse el Partido de la "vida y la esperanza" para convertirse en "el partido de la muerte": senadores, representantes a la cámara, concejales, alcaldes populares y militantes de base de la UP, fueron exterminados bárbaramente.

Tengo en mi mente grabado los nombres de Leonardo Posada, Pedro Nel Jiménez, Teófilo Forero, José Antequera, Pedro Luis Valencia, Bernardo Jaramillo, Miller Chacón, Manuel Cepeda y miles de compañeros más que desaparecieron bajo este huracán de muerte desatado desde las altas esferas del poder.

Sin embargo, nadie como la familia Cañón Trujillo encarnó tan trágicamente, el drama de la "guerra sucia", la desaparición forzada, la tortura y el desplazamiento que padecimos los militantes de la Unión Patriótica en aquellos años: el padre, Julio Cañón, alcalde popular de esta colectividad política en el municipio de Vistahermosa, fue asesinado;

dos de sus hijos acribillados (uno de ellos presentado como guerrillero muerto en combate); el tercer hermano desaparecido y, otro más, torturado; mientras que los sobrevivientes - entre ellos Carmen Trujillo, madre cabeza de familia - se vieron forzados a abandonar la región.

El ciclo de exterminio contra la Unión Patriótica alcanzó para mí su punto máximo, cuando un domingo 11 de octubre, cerca de las 4 de la tarde, hace ya 22 años, escuché por radio la terrible noticia del asesinato de mi maestro, amigo y compañero de lucha Jaime Pardo Leal, entonces candidato presidencial de esta organización política.

Aquel día no pude contener mi indignación y, como miles de compatriotas salí a las calles de Bogotá a manifestar mi espontánea protesta por el aleve asesinato de nuestro líder popular que un mes antes había denunciado con nombres propios a los altos mandos militares comprometidos con los crímenes de la Unión Patriótica.

Las barricadas en las calles céntricas de la capital, el apedreamiento de las entidades financieras, la quema de buses y el saqueo de los almacenes me recordaron, inevitablemente, las escenas del 9 de abril de 1948, que ustedes habían vivido y que tantas veces repasé en mis lecturas universitarias.

Para mi desgracia, esa noche terminé encerrado en un frío y oscuro sótano de la estación de la Policía del Ricaurte, donde fui torturado - y estuve a punto de ser desaparecido - por cuenta de un corpulento hombre al que, supe después, sus compañeros le llamaban "Rambo", aludiendo a la rudeza del protagonista de esta cinta gringa.

Por un feliz equívoco del centinela de turno, que me confundió con otro de los detenidos, obtuve milagrosamente mi libertad en las horas de la mañana del día siguiente.

Consciente de la distracción del guardia que seguramente debió ser duramente sancionado salí tembloroso, con el temor de que se dieran cuenta del error antes de cruzar la puerta que daba a la calle; mis piernas apenas si me respondían y mi corazón parecía explotar.

En estas condiciones todavía no me explico cómo llegué hasta la casa, que se encontraba a una hora del sitio donde permanecía detenido.

Recuerdo que ustedes, junto con mis hermanos y hermanas, estaban reunidos en la sala. Papá se hallaba con la oreja pegada al radio, como esperando algún boletín informativo que diera cuenta de mi paradero; mientras que mi mamá junto con mis hermanas, oraba frente a un cuadro del Corazón de Jesús que siempre nos acompañó.

Mi aparición en la sala de la casa fue como la imagen de un Cristo recién resucitado entre los muertos, solo que en lugar de lucir una larga túnica blanca, vestía una camisa y un pantalón completamente destrozados.

Mi cuerpo estaba lacerado por todas partes, mi cabeza amoratada, mis brazos con profundas escoriaciones y mi ojo izquierdo, convertido en un gelatinoso coágulo de sangre.

De los abrazos, las lágrimas y la alegría del reencuentro, muy pronto se pasó a la rabia e indignación por el maltrato que yo había recibido. Ese mismo día papá redactó un memorial escrito a máquina y dirigido al comandante de la estación Ricaurte.

Luego de identificarse como suboficial de las Fuerzas Militares "en uso de buen retiro" se lo entregó a un Mayor que tenía a cargo el comando, no sin antes pronunciarle un largo discurso, donde le recordaba que la función de la policía era defender la integridad de la población civil y no atropellarla;

que en sus más de veinte años de servicio jamás había actuado en contra de ella, pese a haber vivido los duros años de la violencia para luego concluir su alegato diciendo: "ahora si entiendo por qué los mata la guerrilla!!"

Con mis hermanos y mi madre pensamos que a Papá lo iban a dejar allí y que terminaría reemplazando mi lugar en el calabozo, pero contrario a ello, el oficial de la policía lo escuchó atentamente y con su silencio pareció darle toda la razón. Cuando Papá regresó a casa - feliz por la catarsis hecha - todos soltamos la respiración que hasta entonces teníamos contenida.

Después de este bárbaro episodio, estuve varios días muerto del pánico, esperando que en una esquina cualquiera apareciera "Rambo", montado en su moto y dispuesto a concluir su bestial tarea.

Por fortuna, esto nunca sucedió y venciendo mis miedos interiores asistí al sepelio de Jaime Pardo Leal y de muchos compañeros más. Sentíamos para entonces - como en aquel famoso tango de Gardel - que era "un soplo la vida". Así, tal vez sin darnos cuenta, pasó algo terrible, algo que jamás debió suceder: ante lo efímero de la vida nos enamoramos de la certeza de la muerte.

Reíamos, bailábamos, soñábamos y nos acostábamos con ella. Cada día, cada minuto y cada segundo que vivíamos intensamente era un instante que le hurtábamos a la muerte. No hacíamos juramentos de amor, no prometíamos estrellas azules pero estábamos dispuestos a darlo todo, porque la vida no nos pertenecía y en cualquier momento llegaría la bala asesina.

Empezamos entonces a rendirle un culto religioso a Thanathos. Nuestros sueños, nuestras palabras, nuestros silencios, nuestros versos y hasta nuestras consignas estaban impregnadas de un hálito de muerte: "los muertos no se lloran - solíamos gritar en las marchas - se levantan sus banderas y la lucha continúa".

Sin embargo, en secreto llorábamos sus ausencias y lamentábamos la oscura desgracia de estar sin ellos. Uno de nuestros juegos predilectos era relatar cuál sería nuestra última voluntad: "Yo deseo que mi cadáver lo incineren y las cenizas las lancen al rio Magdalena" - decía alguien -;

"yo prefiero en cambio que mi cuerpo lo sepulten bajo tierra y sobre él planten un árbol que crezca hasta el infinito" - intervenía otra voz; mi deseo postrero era que durante mis honras fúnebres cantaran la "canción del elegido", que iniciaba así:

"siempre que se hace una historia, se habla de un viejo, de un niño o de sí; pero mi historia es distinta, no voy a hablarles de un hombre común, haré la historia de un ser de otro mundo, de un animal de galaxia;

es una historia que tiene que ver con el curso de la vía láctea. Es una historia enterrada, es sobre un ser de la nada [.]. Su letra me recordaba una de mis lecturas preferidas cuando era niño: "El Principito".

El culto a la muerte lo acompañamos de un total cinismo para encarar la misma:

¿Y el compañero qué medidas ha tomado para hacerle frente a la muerte ? - preguntaba alguien ingenuamente- . "Las del ataúd, por supuesto", contestaba el aludido, sarcásticamente.

En otra ocasiones cuando alguien comentaba que un amigo nuestro se había convertido en un cuadro político nacional, no faltaba quien anotara con ironía "es cierto, pero si se descuida en poco tiempo se convertirá en un cuadro en la pared ".

No le faltaba razón porque las sedes de la UP estaban llenas de cuadros de dirigentes de la UP que fueron asesinados. Con el tiempo estos cuadros se fueron poblando de la imagen borrosa de centenares de amigos y amigas que nos dejaron y de los cuales solo quedó su recuerdo en la mente de aquellos que compartimos sus ideales, sus luchas y sus batallas, y que, pese a ello, sobrevivimos a esa barbarie.

Sí, Yo fui uno de sus sobrevivientes. No me explico ¿cómo? Ni ¿por qué? "las ánimas benditas" diría mi abuela Sofía, las mismas que la resguardaron de los "godos "cuando con ocho meses de embarazo, cargo el cuerpo ensangrentado de su esposo;

las mismas que en medio de la chulavitada protegieron la vida de ustedes, unos liberales de cepa; las mismas que las escoltaron cuando tuvieron que abandonar la finca cafetera y radicarse en Bogotá para escapar del terror de "los pájaros".

Claro, también pagué mi precio, sin embargo nada comparable con la entrega de la vida. En varias ocasiones fui golpeado y torturado por la policía y la última de estas veces - hace más de veinte años - permanecí preso en esta misma cárcel durante dos largos meses, pero la verdad se impuso y el juez declaró mi inocencia.

Recuerdo que en esa oportunidad varios universitarios fueron golpeados y detenidos conmigo, y mamá con llanto en los ojos, aunque con un poco de alivio me dijo: " mijo, gracias a Dios que a usted no le hicieron lo de ese pobre muchacho que lo arrastraron por el suelo, jalándolo del pelo, lo subieron a una camioneta y le rompieron un casco en la cabeza?

Como habrá sufrido su angustiada madre!. Yo apenas asentí con mi magullada testa, pero jamás me atreví a contar que "ese pobre muchacho" había sido yo.

Pero toda experiencia por difícil que sea siempre aporta lecciones positivas y, para ustedes, este doloroso episodio les dejó en claro que ya en esos años, liberales y conservadores actuaban con la misma inquina contra la oposición o ¿ acaso este genocidio y persecución contra la Unión Patriótica no estaba ocurriendo bajo el régimen "liberal" de Virgilio Barco que-

ustedes habían respaldado en las urnas?, con cierta resignación tuvieron que admitir que la política, ya no era como en el pasado, un asunto entre "godos" y "cachiporros" - aliados por el pacto del Frente Nacional- sino como en su momento lo señaló Gaitán: un enfrentamiento del país Nacional contra las oligarquías plutocráticas incrustadas en los dos partidos tradicionales; porque "el hambre no es liberal ni conservadora".

Desde entonces, optaron por apoyar los candidatos de la izquierda. Y dramáticamente la historia parecía repetirse. Así como los gaitanistas que sobrevivieron a la violencia de los años 40, organizaron los primero núcleos de resistencia armada para defender su vida y la de sus familias, muchos sobrevivientes de la Unión Patriótica no tuvieron otra alternativa que enmontarse.

Ricardo Palmera, hoy conocido como "Simón Trinidad," ilustra claramente esta parábola de vida, como lo registra el periodista Jorge Enrique Botero en su libro: "Simón Trinidad. El hombre de Hierro".

Aunque en ese momento entendí que la guerrilla constituía el único camino que el sistema dejaba para aquellos que mantenían sus ideales de lucha por una sociedad más justa, nunca me atreví a dar semejante paso, aunque siempre miré con respeto y admiración a aquellos que lo hicieron.

Tres motivos tuve para no hacerlo: En primer lugar, papá que toda su vida portó una pistola con salvoconducto, hasta que tuvo que empeñarla para solventar una crisis económica familiar, nos inculcó el respeto por las armas -"ojala nunca tengan que utilizarlas"- nos decía frecuentemente.

Coherente con este pensamiento, una noche en que sorprendió robando en la sala de la casa a dos hombres, papá hizo un disparo al aire, como dándole tiempo a que escaparan. Nosotros preguntamos ¿Por qué no los había herido si la ley lo amparaba? "Porque no era necesario - dijiste - es posible que hayan sido vecinos seguramente tendrán hijos bajó su cuidado.

Que no merecen quedar huérfanos". Capté el mensaje inmediatamente, pese a que durante años lamenté que aquellos hombres se hubiesen llevado un tomo de mi Manual de Historia de Colombia.

En segundo lugar, no tomé el camino de la lucha armada, porque mi constitución física siempre fue frágil. Mis amigos decían burlonamente que a mí solo me daban dos gripas en el año y que cada una duraba seis meses.

Por eso entiendo su preocupación cuando en las imágenes de mi detención me presentaron esposado y cubierto con un tapabocas. Ustedes como muchos debieron pensar que como venía de México portaba el virus AH1N1.

De tenerlo, hubiese muerto irremediablemente porque las autoridades colombianas en su afán de "legalizar mi captura" se negaron a practicarme una prueba de laboratorio ( en este país se necesita ser Presidente o Ministro para recibir atención médica inmediata).

En tercer lugar nunca pensé ser guerrillero porque desde niño mi pasión eran los libros, no las armas. El dinero que recibía de mis onces y mis tíos lo ahorraba para después invertirlo en libros.

Papá decía que cuando grande yo sería "catedrático", no sabía qué cosa era eso, pero me entusiasmaba la idea de ganarme la vida siendo una enciclopedia ambulante , como los "catedráticos "Abelardo Forero Benavides y Ramón de Zubiría; mamá en cambio me miraba con ojos de admiración y extrañeza: le preocupaba que no saliera a la calle a jugar con los otros niños y que prefiriera quedarme en la terraza leyendo todo el día.

Con el tiempo los viajes, las vivencias en otras ciudades de fuera y dentro del país, y la condición de ser padre enriquecieron mis lecturas. Pero en medio de todas estas experiencias, la pluma y el pensamiento fueron las únicas armas que aprendí a manejar.

Convertido en científico social, y comprometido con la verdad, no he dejado de utilizar estas armas para pensar la realidad de este país; para denunciar los crímenes de Estado; para desnudar las alianzas de las elites gobernantes con el narcotráfico; para develar la naturaleza "terrorista" del estado que exterminó a más de cinco mil militantes de la Unión Patriótica y a millares de líderes de la oposición.

En una palabra, para descubrir los horrores de este conflicto armado y social que el presidente Uribe quiere negar, a través de su mal llamada "Seguridad Democrática" calificando de "terrorista" la resistencia política y social del pueblo colombiano y la actividad de académicos que queremos investigar esta realidad.

De José Martí aprendí que "trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras", por eso mis únicos campos de batalla han sido las aulas universitarias en las cuales han transcurrido las dos terceras partes de mi vida.

En la Universidad Distrital y Nacional y no en la Unión Soviética curse simultáneamente mis estudios de pregrado. Ustedes lo saben mejor que nadie, por los grandes esfuerzos económicos que realizaron para que yo pudiese mantener ese privilegio.

Reunir el dinero para los pasajes del bus; comprar las fotocopias (porque los libros era imposible) constituía una lucha del día a día, que pudimos sortear con éxito gracias, también, a la ayuda de mis hermanas mayores que, a diferencia mía, tuvieron que trabajar para pagar sus estudios profesionales.

Jamás estuve en la Unión Soviética ni como estudiante ni como visitante y desafortunadamente ya no podré hacerlo, porque la URSS desapareció hace ya casi dos décadas. Sin embargo, siempre he mantenido una profunda admiración la Revolución de Octubre, antes que las prácticas estalinistas y burocráticas la pervirtieran.

Pero mis preocupaciones por América Latina me llevaron a México, donde pude cursar una maestría gracias a una beca que me otorgó la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) tras una rigurosa selección entre profesionales egresados de las más reconocidas universidades del país.

Al concluir estos estudios opté por seguir con un doctorado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); nunca pagué un peso por concepto de matrícula, porque en México la educación pública es gratuita. Ese fue uno de los grandes logros de la revolución mexicana que el próximo año conmemora su primer centenario.

Pese a estos beneficios, fueron tiempos difíciles, mi hijo, Ernesto, estaba de brazos, pero con su madre sobrevivíamos a punta de tortilla y de los escasos subsidios que aún mantenía el Estado mexicano. Por eso, aunque hoy el gobierno de Felipe Calderón (cuya elección estuvo signada por el fraude electoral)-

haya echado por la borda, con mi deportación, una larga tradición diplomática de independencia y solidaridad con la lucha de los pueblos latinoamericanos, mantengo mi sentido de gratitud con mis hermanos Mexicanos, de ellos siempre he recibido solidaridad y hospitalidad.

En la UNAM tuve la oportunidad no solo de obtener un Doctorado - cuya tesis recibió mención honorífica - sino de conocer centenares de investigadores comprometidos con un proyecto de sociedad más justa y equitativa, y que enriquecieron mi perspectiva latinoamericana.

Algunos como René Zavaleta Mercado, Ruy Mauro Marini, Sergio Bagú y Agustín Cueva, ya no están con nosotros; otros siguen activos y han sido para mí un ejemplo de militancia con la verdad y el pensamiento crítico.

Por eso cuando el Centro de Estudios Latinoamericanos, (CELA), espacio por excelencia de esta producción académica crítica, me brindó la posibilidad de realizar una estancia postdoctoral, no dudé en aceptar la invitación y a través de la Universidad tramité una comisión de estudios.

Claro, también hubo otros factores que precipitaron mi decisión: desde hacía varios meses estaba siendo víctima de persecuciones y hostigamientos por parte de los organismos de seguridad del Estado. De ningún modo quise que ustedes se enteraran de esta situación. No quería generarles más preocupaciones.

Tampoco se lo dije a mis estudiantes y solo conversé acerca de mi situación con un par de colegas que me brindaron su total apoyo. Por eso mi viaje fue repentino y discreto a la vez.

En el momento en el que fui arbitrariamente privado de la libertad por las autoridades migratorias mexicanas, me encontraba concluyendo esta estancia postdoctoral. No estaba reclutando milicianos ni organizando células terroristas.

Es posible que los gobiernos de Felipe Calderón y Álvaro Uribe, consideren que formar una conciencia crítica y adelantar investigaciones sobre la historia política de México y Colombia sea una "actividad terrorista". Desde el 11 de septiembre los sectores de ultraderecha han recurrido al pretexto del "terrorismo" para perseguir no solo a los movimientos de oposición sino también a los intelectuales críticos.

Mi vida ha estado estrechamente ligada a la actividad académica en la universidad pública, desde hace tres décadas, cuando me vinculé a ella, primero como estudiante y posteriormente como docente: La Universidad Distrital, La Universidad de Cundinamarca,

La Universidad del Cauca, La Universidad de Antioquia y la Universidad Nacional pueden dar fe de ello. Por eso puedo decir que la persecución de la que hoy soy víctima no solo una persecución contra mí sino contra la universidad pública en su conjunto.

Querido padres, traicionaría vuestro legado y el de mis maestros - entre ellos el de Jaime Pardo Leal, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna - si ante las amenazas de un fiscal, que promete confinarme más de 40 años en esta cárcel, por los delitos de "concierto para delinquir con fines terroristas", "rebelión" y "financiamiento de grupos terroristas", me retractara de las ideas de justicia que he defendido en mis cátedras, en los diferentes foros públicos y en mis escritos.

Traicionaría también a mis estudiantes, a mis amigos (as) y al pueblo colombiano, si claudico ante las presiones de un gobierno narcoparamilitar. Sé que millares de manos se han unido para defender la libertad de pensamiento, se que miles de voces se han juntado para lanzar un grito de justicia;

se que más temprano que tarde, los cambios que reclama este país se abrirán camino, y los opresores de hoy estarán mañana arrodillados implorando clemencia ante el tribunal de la historia.

Queridos padres, solo quisiera que la vida les regalara unos años más de existencia para ver florecer en nuestro territorio, una nueva Colombia, donde los niños no tengan que llorar la ausencia de sus padres muertos en la guerra;

donde el campesino tenga un pedazo de tierra y ayuda técnica para trabajarla; donde la educación, la salud y la vivienda sean un derecho prioritario y no el privilegio de unos pocos; donde los que ejercemos el pensamiento crítico no seamos tratados como terroristas.

Mis queridos viejos, pueden sentirse felices de que su hijo esté hoy sentado en el estrado de los acusados no por asesino y corrupto, sino por defender los ideales de justicia y libertad que ustedes me inculcaron de niño y que llevo en mi corazón como el más preciado tesoro que me ha regalado la vida.

Por eso, si este tribunal que hoy me juzga me llegase a condenar, asumiré con firmeza y dignidad su fallo, porque me anima la convicción de miles de hombres y mujeres que soñamos con "otra Colombia posible".

Abrazos fraternales, su hijo

Miguel Ángel Beltrán Villegas
Cárcel Nacional "Modelo"
Pabellón de "Alta Seguridad"

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miércoles, 11 de noviembre de 2009

El fantasma de la crisis

Por: Carlos A. Lozano Guillén

Mirador Edición 2517 11 al 17 de noviembre de 2007

Aunque algunos analistas económicos burgueses sostienen que la crisis coyuntural del capitalismo ya pasó, al menos en los Estados Unidos, los bancos continúan quebrándose en el país del norte y la “burbuja hipotecaria” aún no desaparece del todo, porque quedan algunos coletazos. En Colombia, país anexado al imperio como lo dice el comandante en Jefe Fidel Castro, también el Gobierno Nacional, para no quedarse atrás, repite que la crisis es cosa del pasado y lo sostiene con base en algunos cálculos y estadísticas oficiales.

Según esas cuentas gubernamentales, lanzadas para la galería en plena campaña reeleccionista, la inflación de octubre fue de –O.13 por ciento, al tiempo que en los diez meses transcurridos del presente año está por debajo del 2 por ciento y en los últimos doce meses apenas es de 2.72 por ciento. Cifras increíbles porque en realidad no se refleja en las plazas de mercado y mucho menos en los supermercados de las cadenas comerciales. Los precios están por las nubes, repiten con desespero los consumidores. Sin embargo, la jugada siendo electorera en el propósito reeleccionista, también busca desarmar a los sindicalistas, que se aprestan a enfrentar la flamante concertación del salario mínimo, que siempre terminan imponiéndolo los patronos y el Gobierno. Si nos atenemos a las cifras uribistas pues habría que bajar el salario en la lógica absurda gubernamental, porque “la inflación está cediendo”.

Pero las cifras del comportamiento económico contradicen la alegre afirmación del Gobierno de Colombia en el sentido que la crisis es cosa del pasado. El crecimiento previsto para 2009 en los cálculos más optimistas será de 0.5 por ciento, aunque los analistas más realistas lo dan negativo. Para 2010 según la versión oficial será de 2.7 por ciento, muy por debajo de las expectativas en la mayoría de los países de América Latina. Mientras que el desempleo se mantiene en 12 por ciento (cifra oficial) con la aclaración que la mayoría del empleo está en la informalidad y el trabajo temporal. En Cúcuta es del 75 por ciento, en Montería del 71.4 por ciento, en Ibagué del 68.5 por ciento y en las 13 áreas metropolitanas de 57.7 promedio, según un estudio de la Organización Internacional del Trabajo y la Organización Mundial del Comercio.

El optimismo de la “Casa de Nari” no es compartido por los empresarios, que se quejan y se quejan. La industria y el comercio no logran recuperarse y el sector agropecuario está más estancado que nunca y con una profunda crisis cafetera. Con el agravante que la piñata de Agro Ingreso Seguro se les dañó a los ricos inescrupulosos por la oportuna denuncia del negociado. Así, el fantasma de la crisis está presente.

carloslozanogui@etb.net.co

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Un activista colombiano injustamente detenido enfrentará juicio Human Rights First

Human Rights First condena la decisión de los fiscales colombianos de llevar a juicio a Carmelo Agamez por supuestos vínculos con los paramilitares. El señor Agamez, un reconocido activista de derechos humanos colombiano, ha permanecido en Sucre injustamente detenido por casi un año

Human Rights First condena la decisión de llevar a juicio a Carmelo Agamez por supuestos vínculos con los paramilitares
(Nueva York – 10 de noviembre 2009) . La semana pasada en Bogota el Fiscal 28 de antiterrorismo emitió una resolución acusatoria en la cual formalmente decide llevar la investigación contra el señor Agamez a juicio. La decisión viene a pesar de que el Tribunal Superior de Sucre y el Fiscal General confirmaron que el debido proceso del señor Agamez había sido violado y que existían pruebas de mala conducta por parte del fiscal que inicio el caso contra el señor Agamez.

“Es inconcebible pensar que, a pesar de las preocupaciones planteadas por altos funcionarios de la justicia colombiana, los cargos infundados contra el señor Agamez puedan llegar a juicio. El Tribunal Superior de Sucre y el Fiscal General concordaron que el derecho al debido proceso del señor Agamez fue violado y ordenaron una investigación penal en contra del fiscal que abrió la investigación contra del señor Agamez,” dijo Andrew Hudson, Asociado Senior de Human Rights First. “El Fiscal General debería de parar inmediatamente la continuación de esta absurda investigación.”

Carmelo Agamez es el secretario técnico del Movimiento de Víctimas del Crímenes de Estado (MOVICE) en Sucre. En noviembre del 2008 Agamez fue detenido y encarcelado con los mismos lideres paramilitares que él había denunciado. Él ha dedicado su carrera a exponer las violaciones de derechos humanos y las conexiones entre funcionarios locales y las fuerzas paramilitares. Dada su contundente y pública oposición a grupos paramilitares es poco plausible que el señor Agamez tenga vínculos con los paramilitares.

En mayo de 2009, el Tribunal Superior de Sucre decidió que el fiscal no había cumplido con el debido proceso y había violado los derechos de Agamez a una defensa justa por no haberle informado de las acusaciones en su contra. Además, según su defensa, la orden de captura en su contra fue legitimada con posterioridad y su residencia fue allanada sin el cumplimiento de los protocolos de ley. Las acusaciones contra el señor Agamez fueron basadas en testimonios inconsistentes y contradictorios hechos por dos testigos no imparciales que alegaban que el señor Agamez había participado en una reunión con paramilitares en una fecha no especificada. Uno de estos testigos, Luis Carlos Ocon, fue arrestado recientemente después de que Carmelo Agamez y MOVICE lo denunciaron públicamente por sus supuestos vínculos con los paramilitares. Agamez también estuvo involucrado en el arresto del hermano y primo del segundo testigo. Varios de los otros testigos han testificado que Agamez no participo en la reunión en cuestión, mientras una testigo retractó de su testimonio explicando que el fiscal la había inducido a impugnar al señor Agamez falsamente.

En julio de 2009, el Fiscal General emitió una resolución formal en la cual citó repetidamente las preocupaciones de Human Rights First sobre la falta de imparcialidad en la investigación en contra de Agamez. Él ordenó una investigación penal en contra del fiscal que abrió la investigación contra Agamez (el fiscal segundo especializado de Sincelejo, el Dr. Rodolfo Martínez Mendoza) por presuntos actos de corrupción en conexión con su acusación contra Agamez.

“Cuando el Fiscal General reasignó el caso a un fiscal en Bogotá, pensamos que finalmente la justicia prevalecería y que Agamez saldría en libertad. En vez de hacer esto, el nuevo fiscal ha decidido llevar el caso a juicio sin ofrecer pruebas adicionales de la culpabilidad de Agamez y sin tratar las preocupaciones planteadas por los altos funcionarios de la justicia colombiana,” dijo Hudson.

Human Rights First insta a todas las embajadas en Colombia, incluyendo a la embajada estadounidense, de plantear sus inquietudes sobre este caso con el gobierno estadounidense.

“La detención injusta de Agamez es solo la punta del iceberg de un problema mucho más grande: el uso extensivo de procesos penales maliciosos y detenciones arbitrarias para silenciar a los activistas de derechos humanos,” señaló Hudson.

Human Rights First insta al Fiscal General de retirar inmediatamente los cargos en contra de Agamez. También le insta al Fiscal General para emitir una resolución que delegue a una unidad de la fiscalía la coordinación de la revisión de los procesos penales en contra de los defensores de derechos humanos. Esta unidad se encargaría de cerrar inmediatamente los casos falsos en contra de defensores y evitaría la detención injusta de otros activistas en el futuro.

La persecución en contra de Agamez fue incluida en un reciente informe de Human Rights First: Los defensores de derechos humanos acusados sin fundamento: Presos y Señalados en Colombia. Agamez es la última persona en el informe que todavía permanece en la cárcel. Lamentablemente en los últimos seis meses muchos más defensores han sido detenidos injustamente. A continuación un extracto de este informe:

Secretario Técnico de la sección Sucre del Movimiento de Víctimas de Crimines del Estado (MOVICE). La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) le otorgó medidas cautelares. El 13 de noviembre del 2008, cinco hombres vestidos de civil se identificaron como policías y allanaron la casa de Agamez. El 15 de noviembre del 2008 lo arrestaron y lo detuvieron. La Fiscalía en Sincelejo le acusó de concierto para de delinquir con grupos paramilitares, alegando que participó en una reunión con paramilitares en el 2002. Estuvo bajo custodia de la SIJIN por cinco días y desde entonces está preso en la cárcel La Vega. Presuntamente, el allanamiento inicial en contra de Agamez se llevó a cabo sin orden judicial y por varios días no se le notificó de los cargos en su contra. La captura de Agamez sucedió poco después de que hizo una serie de denuncias públicas acerca de la corrupción de algunos funcionarios públicos. Presuntamente, las únicas pruebas aportadas por el fiscal son dos testimonios, uno de los cuales es el de la esposa de un alcalde recientemente acusado de corrupción después de que MOVICE organizara una audiencia pública. Agamez ha recibido muchas amenazas de grupos paramilitares y apareció en una “lista de muerte” de los paramilitares en el 2006. Dada su contundente y pública oposición a grupos paramilitares es muy poco plausible que sea paramilitar.
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FARC reitera intención de liberar a Moncayo y pide a Uribe garantías


A través del comunicado el movimiento insurgente reitera su voluntad de liberar a dos de sus retenidos y condena las declaraciones ''cínicas'' del comisionado por la paz del gobierno colombiano, Farnk Pearl.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) ratificaron, mediante un comunicado publicado este miércoles, su intención de dejar en libertad al cabo Pablo Emilio Moncayo de forma unilateral así como al soldado profesional Daniel Calvo e instaron al Gobierno de Álvaro Uribe a que cumpla las mismas garantías ofrecidas en pasadas liberaciones.

El texto, fechado el 6 de noviembre y firmado por el secretariado del Estado Mayor Central de las FARC (EMC), se presenta en respuesta de las declaraciones del comisionado de paz del gobierno colombiano, Frank Pearl, quien la pasada semana responsabilizó a la insurgencia por la demora en la liberación de los prisioneros de guerra.

Moncayo está en manos las FARC desde diciembre de 1997, mientras que Calvo, hecho cautivo en abril pasado, es el miembro de la fuerza pública de retención más reciente.

Las FARC declaran, a través del documento, que el grupo ha ofrecido la liberación de estos prisioneros como gesto unilateral y que sólo han exigido al gobierno de Álvaro Uribe que cumpla las mismas garantías ofrecidas en pasadas liberaciones.

A continuación se reseña textualmente el comunicado de las FARC:

Las mentiras del Comisionado Pearl

Frente a las cínicas y tramposas declaraciones del llamado "comisionado de paz" del gobierno de Uribe, señor Frank Pearl, responsabilizando a la insurgencia guerrillera por la inexplicable demora en la liberación de dos prisioneros de guerra ofrecida por las FARC EP como gesto unilateral, declaramos:

1. Desde el 16 de abril del año en curso declaramos nuestra decisión de liberar al cabo Pablo Emilio Moncayo de forma unilateral y entregar los restos del mayor Guevara a su familia, voluntad que complementamos el 25 de junio, con el nombre del soldado profesional Daniel Calvo, todo lo cual hoy reiteramos.

2. Tan solo hemos exigido que el gobierno otorgue y cumpla las mismas garantías ofrecidas en pasadas liberaciones unilaterales, para evitar que se repitan provocaciones como la sucedida en anterior entrega de prisioneros.

3. Es el gobierno quien ha introducido palos en la rueda, primero con los "inamovibles" y ahora con nuevas, absurdas e inaceptables exigencias.

4. Como ni el señor Pearl, ni Alvaro Uribe, ni los ricos permiten a sus hijos alistarse en el ejército e ir a la guerra, en el colmo del cinismo y de la insensibilidad clasista pretenden culpar a las FARC cuando lo único que solicitamos es que vengan por sus prisioneros, a quienes ellos mandaron a la guerra y abandonaron luego que cayeron en desgracia, como consecuencia de la confrontación.

5. ¿O será que quieren cobrarle al profesor Moncayo, a los familiares y a las organizaciones solidarias con los prisioneros de guerra, la tenacidad que han tenido para luchar por la libertad de sus hijos?

6. Cada día, cada hora que demore la liberación del cabo Moncayo y del soldado Calvo, es de exclusiva responsabilidad del gobierno de Uribe.

Secretariado del EMC

FARC - EP

Montañas de Colombia, noviembre 6 del 2009

teleSUR - anncol / ve-PR

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martes, 10 de noviembre de 2009

Capturan a un policía, un soldado y un dirigente político entre presuntos integrantes de las 'Águilas Negras'


La policía y el CTI de la fiscalía del departamento de Córdoba capturaron a once presuntos integrantes de la banda criminal emergente de las “Águilas Negras” en operativos que se cumplieron en los municipios de la Apartada y Montelibano, Córdoba y en varios municipios de Antioquia.

Entre los capturados se encuentra el soldado Jorge Argumedo, el subintendente de la Policía, Fair Cabrales, y el excandidato a la alcaldía del municipio de La Apartada sur de Córdoba, Carlos Arango.

El comandante de la Policía en Córdoba, coronel Sergio López Miranda, sostuvo que estas capturas se dieron luego de varios allanamientos que se realizaron en las poblaciones mencionadas.

Igualmente sostuvo que se continúan desarrollando estos operativos en distintas zonas del departamento de Córdoba y el bajo cauca antioqueño.

Caracol

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Dos documentos del Senador Robledo-Sobre una carta falsa al senador Gustavo Petro

Sobre una carta falsa al senador Gustavo Petro

Jorge Enrique Robledo, Bogotá, noviembre 9 de 2009

Está circulando por internet una comunicación anónima, apócrifa y mal intencionada que rechazamos de plano. La misiva, que aparece firmada por este senador y el MOIR y es enviada desde moirbogota@gmail.com, no puede tener otro objetivo que entorpecer la tarea paciente del grupo de compromisarios del Polo Democrático Alternativo, que adelantamos las reuniones y contactos que se requieren para acordar las decisiones adecuadas sobre programa y organización de la campaña unitaria del Polo para la elecciones al Congreso y a la Presidencia con Gustavo Petro en el año 2010.

Atentamente,

Jorge Enrique Robledo

Senador de la República


La izquierda no permitirá que la oriente la derecha

Senador Jorge Enrique Robledo, Bogotá, 8 de noviembre de 2009


Doctor

RODRIGO PARDO

Director revista Cambio

Bogotá

Ref. La izquierda no permitirá que la oriente la derecha

En su columna en Cambio del 4 de este mes, otra vez, soy víctima de sus infamias porque en el Polo Democrático Alternativo no hacemos lo que usted nos dice que hagamos.

Lo nuevo es que esta vez su estilo, doctor Pardo, ya en nada se diferencia del que usó el tristemente célebre Joseph McCarthy para desacreditar a sus contradictores. Además lo reto a que diga dónde afirmé lo que Usted, manipulando con sus palabras, pone como si fueran afirmaciones mías. Llama la atención que su agresión contra mí ocurra cuando Álvaro Uribe se encuentra a la defensiva por el debate sobre su política agraria plutocrática y de amigotes. Y más resalta que su inquina se dirija en contra de que el Polo pida soberanía y democracia.

No es la primera vez que usted, abusando de Cambio y vilipendiándonos, intenta imponernos a los del Polo lo que debemos hacer. Varias veces ha pedido que viremos a la derecha, suele azuzar nuestras naturales contradicciones y hasta ha insinuado que lo mejor es que nos dividamos. ¡Y esto, con qué desparpajo, en nombre de lo que mejor “les conviene” a los del Polo!

Puede entenderse que usted se sienta con el derecho de decirle a la derecha cómo comportarse, pues para ello tiene títulos de sobra, los cuales se ha ganado con toda una vida al servicio de esa causa. ¿Pero en qué prácticas –de izquierda democrática, se entiende– se apoya para tomarse el derecho de ordenarnos a los del Polo lo que debemos hacer? ¿No le parece excesivo que quienes tienen culpa principal del desastre nacional quieran obligar a la izquierda a pensar como ellos? Ningún exceso suyo hará que la izquierda democrática abandone sus deberes para con esta nación, y menos en uno de los peores momentos de su historia.

Con respecto al momento del Polo, con paciencia y estilo democrático –sin hacerle caso a Usted, que quiere un Polo entregado al establecimiento o dividido– encontraremos la manera, programa y estatutos en mano, de llegar unidos a las campañas al Congreso y a la Presidencia con Gustavo Petro.

Atentamente,

Jorge Enrique Robledo

Senador Polo Democrático Alternativo

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lunes, 9 de noviembre de 2009

Iris Varela: Reacción de Uribe es hipócrita

De hipócrita calificó la diputada de la Asamblea Nacional, Iris Varela, la reacción del presidente de Colombia Álvaro Uribe frente a la declaración que realizó el mandatario venezolano Hugo Chávez, al advertir sobre una posible guerra promovida desde Estados Unidos a través de Bogotá.

Invitada al programa Despertó Venezuela que transmite Venezolana de Televisión, la parlamentaria refirió que Uribe hipócritamente envió a un vocero a decir que Colombia jamás ha hecho un gesto de guerra contra sus vecinos y que denunciaría al país ante la ONU y la OEA, cuando es todo lo contrario, dijo Varela.

Puso de ejemplo la instalación de las bases militares estadounidenses en el país neogranadino, lo cual considera un evidente ataque contra la soberanía nacional, así como el ingreso de paramilitares, el contrabando en la zona fronteriza y la invasión ocurrida en la república ecuatoriana la cual dejó como saldo numerosas víctimas fatales.

Todo ello, responsabilidad del gobierno conducido por Uribe y con el apoyo de Estados Unidos, de acuerdo con Varela.

"En Colombia se perdió la soberanía, en ese país no están mandando los colombianos. Colombia se convirtió en un país satélite de Estados Unidos y (Álvaro) Uribe es el preservativo de turno de la Casa Blanca, lo están utilizando", apuntó.

Resaltó la diputada el llamado que realizó el primer mandatario nacional a todos los venezolanos y a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) a mantenerse a la defensiva ante cualquier ataque promovido desde EEUU y Colombia contra el territorio venezolano.

"Tenemos que prepararnos para trabajar y abogar por la paz para defender nuestra Patria", ratificó.

Paramilitarismo en Táchira

Como representante del pueblo venezolano, Varela instó al Ministerio Público para que se activen las investigaciones al gobernador de Táchira, César Pérez Vivas (del partido de derecha Copei), por estar presuntamente vinculado con grupos paramilitares colombianos.

"El pueblo tachirense no aguanta más (...) Este es el clamor del pueblo de Táchira, le pido al Ministerio Público que se pronuncie al respecto".

Reiteró que la vida en el Táchira se ha vuelto difícil y la responsabilidad es de su gobernante, quien manipula a la población para evadir la justicia.

"El gobernador paraco (César Pérez Vivas) es responsable de lo que está pasando en Táchira y lo reto a que muestre la identidad de quienes están impulsando invasiones en la entidad", denunció.

Añadió que quienes invaden terrenos en el estado fronterizo son indocumentados colombianos, que entran al país con apoyo de Pérez Vivas, para luego culpar al Gobierno Nacional.

"Cualquier persona que pase de San Antonio del Táchira a Cúcuta puede ver a menos de 100 metros una bomba que vende pimpinas de gasolina venezolana, llevada de contrabando, con el apoyo del Gobierno colombiano", denunció la parlamentaria.

Destacó: "Por eso Venezuela tiene que prepararse porque hace rato Colombia nos declaró la guerra, no es que nos van a invadir, ya nos invadieron (...) El objetivo es golpear las acciones del Gobierno Nacional".

vtv
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