martes, 2 de septiembre de 2008

La “Casa de Nari”


*Carlos A. Lozano Guillén


Los últimos días han sido duros para el presidente Uribe Vélez, después de conocerse la visita a la Casa de Nariño hace unos meses, con ingreso por la puerta por donde entran los altos funcionarios, del paramilitar “Job” y un abogado, enviados de “Don Berna”, para conversar con Edmundo del Castillo y César Mauricio Velásquez, dos de los cortesanos de la “Casa de Nari”, como ahora se le conoce, debido a que así la llamaba “Job”, un nombre más bondadoso que el de “Casa de Narquiño”, como la apodan algunos periodistas.


El Presidente reaccionó con agresividad. “La mejor defensa es el ataque”. Arremetió contra los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, los dirigentes liberales y del Polo Democrático Alternativo. Es su forma olímpica de sacarle el cuerpo a las necesarias explicaciones y con la ayuda de los grandes medios llevó el debate a la discusión de si la presencia de los visitantes de la sede presidencial había quedado o no en los registros de la guardia y en los videos del circuito interno. Algo irrelevante, porque no resuelve el problema de fondo de la censurable reunión de funcionarios de la Presidencia con dos enviados de un capo, uno de ellos con reconocido vínculo con los paramilitares, que iban a denunciar supuestos delitos, esfera de la competencia de la rama judicial. Pocos días después de la reunión en la “Casa de Nari”, “Job” fue asesinado en Medellín en circunstancias aún no esclarecidas. También surgieron otros escándalos que comprometen al Gobierno, como los vínculos del hermano del Ministro del Interior y de Justicia y de importantes oficiales y miembros del Ejército y la Policía con el narcotraficante “Don Mario”. Igual, en el sonajero delictivo se escucharon nombres de funcionarios y funcionarias del Gobierno. Con ironía un abogado de los que participaron en la “Caravana Jurídica Internacional” de la semana pasada, dijo: “¡Qué precioso Gobierno tienen ustedes!”.


Sin embargo, ante las evidencias el presidente Uribe Vélez no cede y ni siquiera atiende el consejo del vicepresidente Francisco Santos de sacar la bandera blanca de reconciliación con los demás poderes e instituciones a los que agrede. Es la manera de desviar el debate de los problemas de fondo y de la crisis política que sacude el país y que debilitan su gobernabilidad, entre estos el huracán social que se avecina. En las recortadas cifras oficiales del desempleo éste se colocó de nuevo por encima del 12 por ciento y Uribe se lo achaca a las altas tasas de interés, como si la desaceleración de la economía no obedeciera a otras causas más influyentes como la política neoliberal, la dependencia de los gringos y el crecido gasto público en guerra y represión. Es el ocaso del Mesías y de sus cortesanos de dudosa ortografía.






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